Ventajas y peligros del uso de la energía nuclear

atomo-energia-medioambienteEn usos medicinales las radiaciones controladas pueden salvar muchas vidas, pero también han quedado en la memoria colectiva las consecuencias desastrosas del uso de la energía atómica con fines bélicos.

Los primeros pasos hacia un uso seguro de la energía atómica

En la actualidad son ampliamente conocidos los efectos que produce la radiactividad en todos los seres vivos y aún en los elementos inorgánicos.

En las etapas iniciales de estudios científicos (siglo XIX) acerca de la energía radiada por ciertos elementos como el radio, hasta las primeras décadas del siglo XX, aún se desconocían sus efectos. Así es como Marie Curie, pionera de estos estudios, murió de cáncer, presumiblemente como consecuencia de sus propias investigaciones. Incluso, hubo casos de aplicaciones medicinales con fatales consecuencias.

Los avances científicos y tecnológicos posteriores permitieron en la década de 1950 la aplicación de la energía nuclear en forma bastante segura, lo cual redundó en que muchos países del mundo tuvieran interés por generar electricidad con esta fuente y en aplicarla en diversos usos.

Ventajas y desventajas de la generación de electricidad con energía nuclear

Una de las principales ventajas de este recurso energético en la generación de electricidad, es la disponibilidad del uranio en el planeta, la que se puede ampliar con el uso del torio. Además, una planta nuclear es de bajo consumo de combustible en relación a la cantidad de energía que puede producir. Desde el punto de vista medioambiental, sus instalaciones emiten escasas o nulas emisiones de gases que incidan en el efecto invernadero o en cambios climáticos.

No obstante estas ventajas, también tiene peligros que han frenado su aplicación. En primer lugar, la posibilidad de que una planta nuclear tenga un accidente como los que ya se han producido, significa un grave peligro de contaminación que puede afectar el medioambiente en varios kilómetros a la redonda y a todos los habitantes de localidades aledañas. Los problemas ocurridos en Three Mile Island, Estados Unidos, en 1979; Chernobyl, Rusia, en 1986, y Fukushima, producido a raíz del tsunami de Japón en 2011, han despertado serias aprensiones y temores en la población para aceptar las instalaciones nucleares en sus proximidades.

Es posible que la desventaja que implica la adversa aceptación por parte de las comunidades, se aminore con los avances tecnológicos y estudios acerca del manejo de las instalaciones que permitan una mayor seguridad en las centrales. Esto dará más confianza a la población y a los gobiernos para introducir un sistema cuya producción ofrece manifiestas ventajas medioambientales y económicas.

Otra desventaja que también ha producido un rechazo generalizado, son los residuos radiactivos, los cuales deben ser almacenados en lugares seguros y mantenerlos aislados por un tiempo muy prolongado. Uno de los mayores problemas es el trasporte, normalmente marítimo y terrestre, ya que corre el peligro de accidentes y su consecuente contaminación radiactiva. Por ello, estos procesos requieren de normas de seguridad y cuidados especiales. Muchos países se niegan a aceptar el paso de estos medios de transporte por sus territorios como también el acopio de este material de desecho.

Un peligro para la flora y fauna cercanas a la central se debe a que algunos tipos de reactores utilizan grandes cantidades de agua para refrigerar el circuito. La descarga de esta agua, aunque no es radiactiva, puede producir daños locales en los seres vivos por su temperatura.

También debe considerarse que las plantas nucleares tienen altos costos de instalación y que su amortización es a largo plazo.

En los países de alta sismicidad, como es el caso de Chile o Japón, Corea y China, las instalaciones deben considerar este factor de riesgo, el que encarece aún más su construcción. A ello debe sumarse que las centrales instaladas en las costas tienen el alto riesgo de recibir el impacto de los tsunamis, como ocurrió en Fukushima; peligro que en Chile está latente en un amplio sector del borde costero.

  • Los peores accidentes nucleares

    En 1979, en una unidad de la central de Three Mile Island (TMI, en EE.UU.) se generaron fallas que produjeron escapes de fluidos radiactivos. No tuvo impacto en la salud humana, pero resintió la confianza de la ciudadanía en la industria nuclear, y solo un par de años atrás se reiniciaron esas construcciones en el país.

    El accidente en la central de Chernobyl ocurrido en 1986, remeció la ex-Unión Soviética y casi acabó con la industria nuclear. Errores graves de operación se sumaron a los de diseño, un reactor muy diferente al que existe en el resto de mundo, y en especial por la falta de un edificio de contención. El desarrollo de una prueba mal preparada y peor ejecutada puso a este reactor en una condición inestable que lo destruyó completamente, creando un inusual incendio (ese reactor poseía grafito en su corazón). Las cenizas radiactivas de este incendio fueron esparcidas por el viento en toda Europa.

    atomo-fukushimaAccidente de Fukushima

    Este accidente afectó a miles de bomberos y militares, dedicados a apagar ese incendio que tardó varios días en ser controlado. Más de 150 de ellos sufrieron el síndrome de radiación aguda, y 29 murieron ese año. La reacción ante este accidente fue inadecuada y la evacuación, tardía. Incluso una veintena de niños murieron después, principalmente por ingerir leche contaminada con yodo radiactivo, sin que se les administraran antes las pastillas de yoduro de potasio que bloquean su absorción.

    Cuando la imagen de la tecnología nuclear comenzaba a recuperarse después de Chernobyl, sobrevino en el año 2011 el accidente múltiple de la central nuclear japonesa Fukushima Dai-ichi, causado por un tsunami de magnitud no prevista por la comunidad, el mismo que produjo casi veinte mil muertos destruyendo ciudades e infraestructura industrial. La central Fukushima estaba construida a 10 metros de altitud, y estaba calificada para recibir tsunamis de 6 metros de altura, según la recomendación de la Asociación Japonesa de Ingenieros Civiles Estructurales; la altura del tsunami de 2011 fue de 14 metros.

    Las unidades afectadas dejaron de funcionar con el sismo, y al no haber electricidad se activaron los motores generadores de emergencia para impulsar los sistemas de enfriamiento, tal como se esperaba. Sin embargo, el tsunami destruyó el sistema de aspiración de agua de refrigeración y dañó esos motores, con lo cual los reactores inevitablemente comenzaron a fundir sus núcleos. Además, se generó una reacción química que produjo hidrógeno, el cual causó explosiones al entrar en contacto con el oxígeno, dañando elementos estructurales y emitiendo material radiactivo. Esto llevó a las autoridades a decretar una evacuación progresiva de 20 km de diámetro. Este accidente pudo ser evitado con un emplazamiento adecuado, mejores sistemas de seguridad, barreras y otras medidas.

    Aunque el número de fatalidades medidas de acuerdo a la energía generada, es más bajo que las de otros sistemas energéticos (carbón, gas, petróleo), Fukushima sensibilizó tempranamente a algunos países europeos, que frenaron o se preparan a renunciar a esta tecnología. No obstante, aparte de Alemania que decidió cerrar en total una veintena de unidades hacia el 2021, no se aprecia un importante retroceso en el uso de la tecnología nuclear, salvo el que resulta de prórrogas para verificar la resistencia de cada central ante desastres naturales extremos. La principal duda es la postura de Japón, que a pesar de la frustración por no haber previsto la magnitud del tsunami que condujo a este accidente, tiene un doble compromiso: sostener su capacidad productiva y participar en las medidas internacionales para mitigar el cambio climático, ya que en ambos aspectos la generación nucleoeléctrica juega un rol clave.

  • “La fascinación de la época por todo lo radiactivo fue grande. Pocos años después del descubrimiento del radio ya se vendían en el comercio caramelos, tónicos y cremas radiactivas.” … “La poción de agua radiactiva “Radithor”, no sólo se vendía para curar a los locos sino que rejuvenecía todo. El problema adquirió caracteres de escándalo con el caso de Eben Byers, millonario norteamericano, que murió en 1932 con todos los huesos y dientes destruidos y además, con lo que quedaba de ellos, altamente radiactivo. Entre 1927 y 1931 había bebido más de mil botellas del elixir rejuvenecedor Radithor”.

    Fuente: Claro, Francisco. A la sombra del asombro, pp. 118-120

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