¿Qué es una matriz energética?

Una matriz energética es una radiografía de cómo está balanceado el consumo de energía entre distintas fuentes en un periodo de tiempo.

Tal como existen dos tipos de fuentes de energía, también las hay de matrices: primarias y secundarias. La primera alude a las diversas energías en el estado en que se extraen de la naturaleza, sin mediar procesos que la transformen, como la hidráulica, eólica, solar, gas natural, petróleo, etc. Las fuentes de energía secundarias, en cambio, incluyen los diversos productos energéticos elaborados a partir del procesamiento de las energías primarias, como electricidad, gas distribuido por redes, derivados de los hidrocarburos, entre otros.

De manera análoga, la matriz energética primaria muestra la participación que tienen energéticos capturados directamente de recursos naturales en el consumo total. A su vez, la matriz secundaria indica la participación de energéticos producidos a partir de la transformación de los primarios en el consumo total.

Una matriz diversificada

Existen varios tipos de matrices energéticas, algunas con mayor participación de un energético y otras con consumos similares entre ellos. Debido a que un gran número de matrices son fuertemente dependientes del uso del petróleo y de sus derivados, se ha acuñado en las últimas décadas el concepto de matriz diversificada. Estas matrices presentan porcentajes más balanceados en términos de la participación de cada energético en el consumo.

Es importante contar con una matriz diversificada porque aumenta la seguridad del suministro, disminuyendo el riesgo de que existan grandes pérdidas de bienestar producto de interrupciones en el abastecimiento del energético más demandado. En muchos países existe una estructura de consumo totalmente inversa a la estructura del potencial y se encuentra agravada por el desaprovechamiento de los recursos renovables.

El caso de Chile no es muy distinto, puesto que gran parte del consumo de energía se explica por la importación de crudo y de los derivados del petróleo. Sin embargo, en Chile contamos con bajas reservas de combustibles fósiles, por lo que también hay una estructura inversa entre consumo real de energéticos y el potencial de generación.

Por esta razón el suministro de energía debe realizarse con determinados niveles de seguridad para que la población sea abastecida de forma continua y sin riesgos, pues de ella depende la calidad de nuestra vida, trabajo y productividad.

Composición e impacto

La matriz energética chilena está compuesta en gran parte por combustibles fósiles importados. De acuerdo al balance de energía 2012, Chile importa el 60% de su energía primaria, lo que nos convierte en un país subordinado a la inestabilidad y volatilidad de los precios en los mercados internacionales en términos de costos y suministro.

La crisis del gas argentino, ocurrida en los años 2006 y 2007, grafica los riesgos de la dependencia energética. Los envíos de gas provenientes del país vecino se cortaron casi en su totalidad y de forma arbitraria, lo que trajo como consecuencia un alza en los costos de la energía, porque se le reemplazó por otras alternativas más caras como el diesel.

A esto se agrega que durante los últimos diez años Chile se ha visto afectado por largos y severos periodos de sequía, insuficiente entrada de proyectos y de nuevas empresas en el área de generación, y escasa inversión en infraestructura en ese mismo segmento y también en el de transmisión eléctrica.