Potencial del agua para producir energía en el mundo

En la Tierra sobra el agua dulce para producir energía, especialmente porque el agua es reutilizable. Sin embargo, su desigual repartición hace que no todos los países cuenten con ella y deban recurrir a otras fuentes energéticas, como las derivadas del petróleo.

 

Los desafíos del uso del agua dulce como fuente renovable

La energía hidráulica lleva siglos explotándose. Desde la antigua Grecia, los agricultores han utilizado molinos de agua para moler trigo y hacer harina. Localizados en los ríos, recogían el agua en movimiento con cubos situados en la rueda del molino, que la energía cinética del agua en movimiento hacía girar.

A finales del siglo XIX, esta energía se convirtió en una fuente para generar electricidad. La primera central hidroeléctrica se construyó en Niagara Falls en 1879.

En la actualidad, la fuente de agua debe equilibrar diversos usos, como la agricultura, minería, industrias, entre otros. La desigual repartición del recurso en el mundo dificulta el abastecimiento de estas demandas; sin embargo, la escasez no es solo un problema climático-hidrográfico, sino también de gestión y manejo. A medida que la población aumenta, también lo hace la necesidad, especialmente el abastecimiento de agua potable a todos los habitantes que implica dotar de agua limpia, servicios de evacuación y purificación del agua servida.

Además de estos usos, el agua dulce tiene grandes ventajas para producir energía eléctrica, ya que es relativamente fácil de adquirir de los ríos y normalmente es limpia en sus nacientes. Su uso es no consuntivo, es decir, al producir energía en las turbinas, la composición física y química del agua no cambia y es devuelta a la cuenca desde donde se extrajo para ser aprovechada en otras circunstancias. Se le considera fuente renovable, porque las lluvias y deshielos están recuperando los montos de agua extraída, empleada y desechada.

El agua en el mundo
Uno de los problemas más complejos en relación a la hidrografía mundial es la desigual repartición del agua en los continentes, en las distintas zonas hidrográficas y en los países. Los continentes que tienen mayores reservas son Sudamérica, en primer lugar, seguido por Asia, y lejos de ellos figuran Europa, Norte América y África; muy atrás están Oceanía y Centro América.

La explicación de la supremacía de América del Sur es la existencia de la cuenca del Amazonas y también las del Orinoco y del Río de la Plata (Paraná – Paraguay). En el caso de Asia, es la gran extensión que tiene el continente y los enormes ríos de Rusia y China.

Europa, aunque es un continente pequeño, tiene numerosos ríos que nacen en las cordilleras antiguas y en las alpinas, pirenaicas y en los Cárpatos; tienen extensos recorridos que van recogiendo agua de muchos afluentes (el Danubio tiene un caudal de más de 6.000 m3/s, casi 3.000 km de recorrido y una cuenca semejante a la superficie de Chile).

África tiene el Sahara, el desierto más grande del planeta, con más de 9 millones de km2, lo que contrasta con los grandes recursos hídricos del Congo, la segunda cuenca más grande del mundo, y otros ríos como el gran Zambeze y el Nilo. Estas características lo colocan entre los continentes que tienen la peor distribución de sus recursos de agua.

Pero no solo hay fuerte disparidad entre continentes y dentro de ellos, sino que también las hay dentro de un mismo país. Es el caso de Perú, en cuya selva nace el río Amazonas, mientras en la costa tiene un desierto casi tan árido como el Atacama de Chile.

La hidroelectricidad, por requerir caudales constantes, es más segura en grandes cuencas hidrográficas, cuyos ríos no están sujetos a cambios en sus flujos por años secos o frecuentes sequías. Es el caso de la enorme cuenca del Paraná, en América del Sur, donde se instaló la central de Itaipú. Igualmente, China tiene grandes centrales hidroeléctricas en sus caudalosos ríos, entre ellas, la mayor del mundo, Las Tres Gargantas en el Yangtzé.

La energía hidroeléctrica
El agua como fuente de energía eléctrica comienza a cobrar relevancia a mediados del siglo XX; antes se producía fundamentalmente por carbón y leña. Sin embargo, el petróleo y sus derivados tuvieron más importancia en la generación de energía que las fuentes hidráulicas en esa centuria.

Los países en general, aun teniendo grandes volúmenes de agua, han preferido la generación eléctrica con combustibles fósiles y no mediante sus recursos hídricos. Influye en ello la facilidad de instalar las centrales térmicas donde se necesita la energía y no tener que transportarla por grandes distancias desde la fuente hídrica a su destino final.

Las mayores centrales hidroeléctricas están en Asia, Sudamérica y en América del Norte.

 

Superficies y caudales medios en la desembocadura de los principales ríos del mundo

Analizando las superficies de las cuencas y los caudales de los ríos principales, se puede inferir la importancia que tiene su potencial para la generación de energía eléctrica y también los países que tienen mayores capacidades para construir grandes centrales que puedan aliviar los problemas de generación de energía en sus países.

La central hidroeléctrica Las Tres Gargantas es la más grande del mundo y se ubica en el río Yangtzé (China). Su construcción comenzó en 1993 y se inauguró el 2003. Tiene un embalse de 40.000 millones de m3, con una superficie de 630 km2, lo que significó el desplazamiento de más de un millón de personas y un considerable número de pueblos y ciudades que fueron inundados. La central tiene 26 turbinas que pueden generar 700 MW cada una, lo que suma 18.200 MW (2010).

Itaipú es la central hidroeléctrica más grande de América. Ubicada en el río Paraná, es compartida por Paraguay y Brasil, quienes iniciaron la obra en 1973 y fue inaugurada en 1982 por los presidentes de ambos países. El embalse de Itaipú tiene un área inundada de 1.350 km²; la presa tiene 7.744 metros de extensión y la altura del muro es del orden de 200 m. Su capacidad instalada es de 12.600 MW, algo menor que el total de sistemas interconectados de Chile.

Sabías qué

En 1881, las farolas de la ciudad de Niagara Falls funcionaban mediante energía hidroeléctrica. En 1882, la primera central hidroeléctrica en Estados Unidos comenzó a funcionar en Appleton, Wisconsin.