Isaac Newton

Aquí descansa Sir Isaac Newton, Caballero que con fuerza mental casi divina demostró el primero, con su resplandeciente matemática, los movimientos y figuras de los planetas, los senderos de los cometas y el flujo y reflujo del Océano. Investigó cuidadosamente las diferentes refrangibilidades de los rayos de luz y las propiedades de los colores originados por aquellos. Intérprete, laborioso, sagaz y fiel, de la Naturaleza, Antigüedad y de la Santa Escritura, defendió en su Filosofía la Majestad del Todopoderoso y manifestó en su conducta la sencillez del Evangelio…” (Fragmento del Epitafio de la tumba de Isaac Newton en la Abadía de Westminster).


Isaac Newton nació en 1642, en Inglaterra, poco tiempo después que falleciera su padre. Su madre se volvió a casar, lo que significó que Newton fuera criado por su abuela. De niño le interesaban los juguetes mecánicos; inventó linternas, molinos, relojes de sol y un reloj de madera.

En 1661 su madre lo envió a estudiar al Trinity College (Cambridge) donde partió estudiando Química, y poco a poco se le fue abriendo el mundo con la lectura de las obras de Descartes, Kepler y Galileo, entre otros, que tuvieron gran influencia en su trabajo. El mismo Newton reconocía que: “Si he ido algo más lejos que los otros, ello es debido a que me coloqué sobre los hombros de gigantes”. Dos años más tarde conoció a Isaac Barrow, gran profesor de matemática que lo ayudó en el conocimiento y las investigaciones en geometría, y que lo llevaron a desarrollar el teorema del binomio y el cálculo de fluxiones (así se le llamaba al cálculo diferencial e integral). Al terminar su bachiller regresó al campo con su familia tras el cierre de la universidad por una epidemia de peste bubónica, lo que se transformó en el período más fructífero de su carrera científica (1665-1666). Aquí descubrió la Ley de gravitación universal, completó el desarrollo de su cálculo de fluxiones, generalizó el teorema del binomio y descubrió experimentalmente la naturaleza física de los colores. ¡Tenía 25 años!

Después de esos dos años volvió al Trinity College y prosiguió con sus investigaciones de óptica. En 1668 construyó un telescopio de espejo (reflector) superando la deformación cromática que se producía con los telescopios refractores de su tiempo.

Un año después ocupó la cátedra de Barrow en la universidad y publicó Analysis per aequationes numero terminorum infinitos, a la que le siguieron publicaciones sobre la luz. Incitado por su amigo Edmond Halley, Newton se decidió a escribir y publicar su obra más emblemática (1687), Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (“Principios matemáticos de filosofía natural”) donde planteó la dinámica newtoniana y La ley de gravitación universal aplicados al sistema solar o “sistema mundo”. Se transformó en el arquitecto de la primera síntesis científica de la historia aportando una nueva visión mecánica del mundo basada en las leyes de la dinámica que acabaron con la separación tierra-cielo. A partir de este momento se habla de un solo universo y una sola física.

Después de ejercer la docencia universitaria durante casi tres décadas, Newton se trasladó a Londres como Director de la Casa de la Moneda (1696) y poco a poco se fue alejando de la investigación científica. Se dedicó al estudio de la alquimia y de las Sagradas Escrituras. En 1703 fue elegido presidente de la Royal Society, cargo que mantuvo hasta su muerte, y dos años más tarde es consagrado Caballero por sus servicios prestados a Inglaterra.

Sin embargo, en el ocaso de su vida mantuvo una gran disputa con Leibniz por la paternidad del cálculo infinitesimal. Hoy se piensa que ambos llegaron a lo mismo por caminos diferentes, aunque Newton lo habría conseguido diez años antes.

Isaac Newton terminó sus días envuelto de un gran prestigio mundial, y murió en 1727 consagrado como uno de los grandes hombres de Inglaterra, como reza en su epitafio: “…Dad las gracias, mortales, al que ha existido así, y tan grandemente como adorno de la raza humana…”

  • La influencia del pensamiento científico y filosófico de Isaac Newton tuvo alcances insospechados. En matemática, el método de fluxiones inauguró el Análisis Matemático y el desarrollo del Álgebra y la Geometría; en Física, las leyes de la mecánica constituyen el primer cuerpo teórico que permitía predecir los fenómenos naturales con exactitud, y sirvió de modelo para otras ramas de las ciencias. En el campo de la Óptica, su “hipótesis” corpuscular sobre la luz se integra en la actualidad a la teoría del comportamiento dual de la luz, es decir, corpuscular y ondulatorio.

    Los postulados newtonianos fueron rectores del mundo por casi doscientos años. Unas leyes que rigen el espacio y el tiempo de manera inmutable junto a la “matematización” de la ciencia se transformaron en el método por excelencia de las Ciencias Naturales y constituyen el fundamento del positivismo que Augusto Comte desarrolló a comienzos del siglo XIX.

    Una de las paradojas sobre Newton es que para él las leyes naturales y la revelación de las Sagradas Escrituras eran expresiones de la Divinidad. Sin embargo, los filósofos y científicos franceses del siglo de la Enciclopedia “…no vacilaron en sustituir la Divina Providencia por la ley de la gravitación universal, forjando así –cual ironía de la historia– el fundamento de una visión atea y materialista del mundo…” (José Maza, astrónomo y astrofísico chileno).

  • Las leyes de Newton

    • Ley de inercia: Todo cuerpo permanece en su estado de reposo o de movimiento rectilíneo uniforme a menos que otros cuerpos actúen sobre él.
    • Ley o Principio Fundamental de la Dinámica: La fuerza que actúa sobre un cuerpo es directamente proporcional a su aceleración.
    • Principio de acción-reacción: Cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, este ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto.
    • Ley de Gravitación Universal: La fuerza con que se atraen dos objetos es directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa.
  • La manzana de Newton

    Una de las leyendas más conocidas sobre Newton es la historia de la famosa manzana que habría inspirado al genio para crear la Ley de gravitación universal. En 2010, la Royal Society divulgó algunos documentos de la época, y entre ellos, la anécdota de la manzana relatada en 1727 por su amigo William Stukeley, en las Memorias de la vida de Sir Isaac Newton:

    “Después de cenar, como hacía buen tiempo, salimos al jardín a tomar el té a la sombra de unos manzanos”, escribe Stukeley. “En la conversación me dijo que estaba en la misma situación que cuando le vino a la mente por primera vez la idea de la gravitación. La originó la caída de una manzana, mientras estaba sentado, reflexionando. Pensó para sí ¿por qué tiene que caer la manzana siempre perpendicularmente al suelo? ¿Por qué no cae hacia arriba o hacia un lado, y no siempre hacia el centro de la Tierra? La razón tiene que ser que la Tierra la atrae…”

  • BibliografíaVer Referencias Bibliográficas, apartado “Científicos relevantes”.
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