Hitos de la Energía

Breve recorrido sobre los principales hechos históricos en torno a la energía y su relación con el desarrollo y el surgimiento de la sociedad actual.


Se piensa que hace aproximadamente 790.000 años nuestros ancestros aprendieron a utilizar el fuego y, con ello, se inició uno de los más importantes saltos en la historia de la humanidad. El fuego permitió calefaccionarse, cocinar los alimentos y protegerse de los depredadores. Su descubrimiento y utilización fue posible gracias a la disponibilidad de uno de los principales recursos energéticos, la leña.

En el período neolítico, alrededor de 12.000 años atrás, se inició el desarrollo de la agricultura y, con ella, la utilización del arado y de la energía aportada por la tracción animal. Esto permitió cultivar mayores extensiones de tierra, generando una mayor disponibilidad de alimentos y excedentes que podían ser almacenados.

 

Hace cerca de 5.000 años, los egipcios comenzaron a utilizar la energía cinética del viento para impulsar sus embarcaciones, las que recorrían el río Nilo. Dicho avance, abrió las puertas para el transporte de materias primas, la exploración y el comercio.

Alrededor de 2.100 años atrás, los romanos crearon los molinos hidráulicos para procesar el trigo. De esta forma, aprovecharon la energía cinética aportada por el movimiento del agua.

Durante la Edad Media se perfeccionaron diferentes artefactos que aprovechaban la energía de los cauces de agua, ríos y cascadas, como los molinos hidráulicos. También se utilizó la energía cinética del viento para impulsar las aspas de los molinos de viento, con el propósito de hacer más eficiente los procesos productivos relacionados con la alimentación.

Con la revolución científica, en los siglos XVI y XVII, creció el interés del ser humano por conocer más respecto de fenómenos naturales, en particular el significado físico de la energía. Esto posibilitó el surgimiento de leyes y principios que permitieron comprender que la energía se conserva y se degrada.

En el siglo XVIII, con el invento de la máquina a vapor, se dio inicio a la Primera Revolución Industrial. Su invención, junto a otros descubrimientos, impulsaron el rápido desarrollo económico de Europa y América del Norte. El principal recurso energético utilizado en este proceso histórico fue el carbón mineral.

En el siglo XIX, la física sentó las bases teóricas para uno de los mayores inventos de la historia, el alternador eléctrico, que hizo posible la producción de electricidad en base al movimiento del agua, del viento, de la combustión del carbón, gas o petróleo. En el mismo siglo, se inventó el motor a combustión interna, que revolucionó el transporte.

En el siglo XX comenzó el desarrollo de la energía a partir de la división de los núcleos atómicos –la energía nuclear–, cuyo descubrimiento permitió producir energía en base a una fuente completamente independiente del Sol. También se desarrolló la energía a partir de la radiación solar, energía fotovoltaica. En el ámbito del transporte, se utilizaron todas las vías disponibles, marítima, terrestre y área, disminuyendo considerablemente los tiempos de traslado. Debido a esto, se comenzó a utilizar el concepto de Aldea Global.

El aumento de la población y el desarrollo de la economía mundial, incrementó exponencialmente la demanda por energía, originando un consumo excesivo de combustibles fósiles. Todo lo cual impactó negativamente al medio ambiente, generando un cambio climático a nivel global.

En la actualidad, la ciencia sostiene que el espacio es una manifestación de la energía, asociado a partículas que aún no se descubren. También están en constante desarrollo nuevas y mejores formas de producir energía limpia y eficiente.
De la mano de un elevado consumo de combustibles fósiles, el planeta ha experimentado un incesante cambio en el clima, elevando las temperaturas del planeta y los niveles del mar. De esta forma, han cobrado cada vez mayor importancia los conceptos como eficiencia energética, consumo responsable y huella de carbono.