Energía y desarrollo territorial: la epopeya del carbón

epopeya-carbonFuente: www.memoriachilena.cl“Su producción (carbón), que es el nervio que anima la marcha del país, se proyecta en la economía nacional, en los transportes marítimos y terrestres, en la industria fabril y metalúrgica, y en la vida doméstica, como alumbrado y calefacción… La prosperidad y el desarrollo mismo de la nación dependen de su mayor o menor capacidad carbonífera. El carbón es el alma de la riqueza pública y del trabajo nacional”. Octavio Astorquiza a propósito del centenario de Lota en 1952.

En 1997, después de casi 150 años, se cierran definitivamente las minas submarinas de la cuenca carbonífera del golfo de Arauco. Atrás quedaban las instalaciones industriales y urbanas que crearon una identidad minera en la zona y que hoy conforma un patrimonio que busca reconvertirse integrando la riqueza de su pasado. Pero, ¿cómo llegó el carbón a convertirse en “el alma de la riqueza pública y del trabajo nacional”?

El desarrollo de la Revolución Industrial en el mundo incorporó la máquina a vapor, los trenes y los barcos y miles de inventos que, aplicados a la industria, posicionaron al carbón como principal fuente de energía. Y Chile no estuvo ajeno a estos cambios.

A mediados del siglo XIX, el país inició la explotación a gran escala del salitre en el norte y del carbón en el sur, y poco después, la del cobre. En el caso del carbón, la región del Biobío fue el principal escenario que vivió una transformación radical a nivel territorial, social, cultural y económico, generando una nueva estructura productiva. Gracias a empresarios visionarios como Matías Cousiño en la bahía de Lota, Federico Schwager en Coronel y Matías Rioseco en Lebu, entre otros, además del interés estatal de expandir su soberanía más allá del Biobío, comenzó la explotación masiva del carbón chileno, destinado principalmente a abastecer el mercado interno, como combustible para el salitre, luego para el cobre y para la emergente región. Ya a fines del siglo XIX, la región de Concepción y Arauco se constituyeron como polo de desarrollo económico cambiando su fisonomía e impulsando nuevas industrias, como una fundición de cobre (1867), la primera fábrica de vidrios del país (1881) y la primera central hidroeléctrica del país –y la segunda a nivel mundial¬–, Chivilingo, para abastecer de electricidad la industria de Lota y Coronel (1897). Posteriormente se crearon la industria de ladrillos refractarios que más tarde produjo cerámicas y lozas, la industria de elaboración de la madera para cubrir los túneles carboníferos y, en 1932, una gran central termoeléctrica para suplir los períodos de baja de Chivilingo. A mediados del siglo XX se creó la siderurgia en Huachipato, que se nutrirá del carbón como combustible. El transporte también se vio impulsado con la creación del ferrocarril para unir la industria carbonífera entre Concepción y Curanilahue (1888), y la implementación de trenes que apoyaban la extracción del mineral en los distintos yacimientos. Al mismo tiempo se desarrolló la industria naviera a vapor y la industria portuaria, y se constituyeron importantes centros poblacionales en torno a las minas, como Lota y Coronel, que congregaron a una gran cantidad de mano de obra. Aquí también se desarrolló un poderoso movimiento sindical en pos de beneficios sociales.

Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XX había comenzado la decadencia del carbón: la apertura del Canal de Panamá había significado una merma para los puertos de Lota y Coronel, la masificación del petróleo y la electricidad impulsaron los trenes eléctricos, las máquinas diesel y la reconversión de los sistemas productivos industriales. Por último, la competencia producida por el carbón importado a menor precio, llevaron en 1997 al cierre total y definitivo de las minas de carbón.

  • Lota

    Pequeño lugar o caserío insignificante en mapudungún, Lota floreció con el carbón gracias a Matías Cousiño y sus descendientes. Diseñada con cánones europeos, sus casas marcaban las diferencias entre obreros, con viviendas colectivas llamadas pabellones, y empleados técnicos. Lota estaba provista de un moderno hospital, una iglesia, escuelas, edificios comerciales y de servicios, piscinas y un gimnasio, además del área industrial, con sus túneles submarinos, muelles y diversos edificios industriales. Con el tiempo tuvo electricidad y agua potable. Una de sus grandes atracciones es el Parque de Lota, o Parque Isidora Goyenechea, quien fuera la esposa de Luis Cousiño. Construido por paisajistas ingleses entre 1862 y 1872, sus 14 hectáreas contienen numerosas fuentes, esculturas y un invernadero que albergaba especies tropicales.

  • Chiflón del Diablo (Monumento Histórico) fue originalmente el Pique Carlos Cousiño, y se utilizaba desde mediados del XIX. Conocido por la gran cantidad de accidentes producto de las inundaciones por filtración de agua salada al interior de los túneles, su nombre se hizo universalmente conocido en 1904 por la obra Sub Terra de Baldomero Lillo (1867-1923), que describe las precarias condiciones en que trabajaban los mineros del carbón en su cuento “El Chiflón del Diablo”:“…–Hay en el Chiflón Nuevo o del Diablo, como Uds. lo llaman, dos vacantes de barreteros, pueden ocuparlas ahora mismo, pues mañana sería tarde (dijo el capataz de turno).
    Una mirada de inteligencia se cruzó entre los obreros. Conocían la táctica y sabían de antemano el resultado de aquella escaramuza. Por lo demás estaban ya resueltos a seguir su destino. No había medio de evadirse. Entre morir de hambre o morir aplastado por un derrumbe, era preferible lo último: tenía la ventaja de la rapidez…. Había, pues, que someterse a llenar los huecos que el fatídico corredor abría constantemente en sus filas de inermes desamparados, en perpetua lucha contra las adversidades de la suerte, abandonados de todos, y contra quienes toda injusticia e inequidad estaba permitida.”

     

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