Energía y bienestar

¿Podemos vivir sin energía? Indudablemente las sociedades no pueden funcionar ni sobrevivir sin energía, y su bienestar está relacionado con las capacidades de acceso y consumo energético que posean.


La evolución huma na está estrechamente ligada a la energía, es su motor de desarrollo. La vida biológica no sería posible sin energía:al consumir energía solar, los vegetales realizan la fotosíntesis, proceso que les permite elaborar sustancias energéticas para disponer de la energía química necesaria para desarrollar sus funciones vitales. Los organismos animales se nutren energéticamente, en forma directa (herbívoros) o indirecta (carnívoros) de los vegetales, es decir, de la energía solar. Asimismo, los seres humanos también dependen de la energía que producen los alimentos para su subsistencia biológica; sin embargo, necesitan energía para satisfacer y desarrollar otras necesidades, como la vivienda, el transporte, el acceso a bienes y servicios, entre otros.

La energía es la que ha permitido a la humanidad poblar el planeta y desarrollar civilizaciones cada vez más complejas. Para lograrlo ha recurrido al uso de distintas fuentes energéticas. En tiempos prehistóricos, utilizaba sus propias fuerzas y la fuerza de los animales para obtener energía mecánica; qué decir cuando se produjo el decubrimiento del fuego, con el cual pudo alimentarse, calentarse e iluminarse. Paulatinamente irá descubriendo la fuerza del viento, del agua y, especialmente, la energía proveniente del uso de la madera, que se transformó en un recurso vital para las sociedades antiguas y medievales.

No se producirán grandes cambios hasta el desarrollo de la Revolución Industrial en el siglo XVIII. A partir de entonces, se inicia un proceso vertiginoso en el que se sustituye la madera por los combustibles fósiles. El uso de estas nuevas fuentes se incrementa exponencialmente, produciendo grandes transformaciones económicas, sociales, culturales y tecnológicas. Primero será el carbón, luego los hidrocarburos y la hidroelectricidad. Hoy se suman el gas y la energía nuclear.
El desarrollo de estas nuevas fuentes energéticas vino aparejado con un espectacular desarrollo tecnológico: la máquina a vapor, el motor a explosión, el generador eléctrico, hasta el reactor nuclear.

Energía: un indicador de desarrollo

El mundo moderno ha multiplicado más de veinte veces su propio gasto de energía. El 80% del consumo mundial proviene de los combustibles fósiles, un 15% de la energía hidroeléctrica, y alrededor de un 4% de energía nuclear. El consumo de energía por habitante se utiliza como indicador de desarrollo económico y de bienestar de una sociedad. El Producto Nacional Bruto (PNB) se asocia con la demanda energética, la capacidad industrial y el nivel de vida de los habitantes de un país. Por ejemplo, una casa moderna, además de producir abrigo, contiene un creciente número de dispositivos y artefactos que brindan bienestar, solucionan problemas domésticos y proveen de información y entretenimiento a sus habitantes. Esto es posible gracias a la energía, y especialmente, gracias a la electricidad.

Sin embargo, a escala global lo que ocurre es que el 20% de la población mundial consume el 80% de la energía, y es el sector con mejor nivel de vida y bienestar. En contraposición, más de un tercio de la población mundial no puede satisfacer sus necesidades básicas, no tiene acceso al suministro eléctrico ni al agua potable. Estas inequidades constituyen una de las claves de la desigualdad económica y la calidad de vida al interior de un mismo país, entre los distintos países y entre las diversas regiones del mundo. La carencia o no de energías puede limitar o ampliar las oportunidades y la calidad de vida de la humanidad.