Cadena de suministro

La generación de energía eléctrica y su transmisión hasta los centros de consumo implica una serie de procesos especializados y un control sistemático.

La energía eléctrica se produce a través de máquinas llamadas generadores eléctricos, los que en las centrales transforman la energía mecánica en electricidad.

¿Cómo se transmite la energía eléctrica una vez que fue producida?

Generalmente, los recursos que permiten obtener electricidad se encuentran muy alejados de los lugares donde se requiere su uso. Por ello es necesario transportar la electricidad desde donde se produce: las centrales eléctricas, hasta donde se utiliza: hogares, escuelas, hospitales, industrias, comercios, etc. Una manera de solucionar este problema es por medio de la construcción de líneas de transmisión de alto voltaje. La mayor parte de estas son aéreas, ya que las subterráneas tienen un costo más elevado. Sin embargo, existen algunos tramos en que las líneas necesariamente deben estar bajo la tierra o el mar.

La energía eléctrica producida por una central presenta un voltaje relativamente bajo, razón por la que pasa por una subestación de subida que se encarga de elevarlo. Luego, la electricidad es transportada a la velocidad de la luz, mediante las líneas de distribución instaladas en los tendidos eléctricos, hasta llegar a la subestación de bajada, donde uno o más artefactos, denominados transformadores, reducen significativamente su voltaje, antes de repartir la electricidad a los usuarios a través de una red de distribución. De esta manera, la energía eléctrica llega de manera casi instantánea, con solo apretar un interruptor.

Almacenamiento de la energía eléctrica

En ocasiones las fuentes de energía renovables no convencionales, como la eólica y solar, presentan una capacidad de generación de electricidad que está disponible en un momento que no coincide con el tiempo en que es requerido su consumo. Ante esto, existen diferentes sistemas para almacenar electricidad.

La energía eléctrica que sobra se puede almacenar en forma de energía potencial, bombeando agua desde un embalse bajo hacia otro de mayor altitud, con el fin de acumularla. Así, durante los periodos de elevado consumo energético, se descarga agua del embalse superior generando electricidad.

También se puede almacenar energía en forma de aire comprimido. Para ello, se emplea un motor eléctrico a través del cual se puede comprimir aire, que se almacena en profundas cavernas naturales o formadas por la extracción de sal. Cuando es necesario producir energía eléctrica, se extrae el aire guardado y se expande en una turbina de alta y otra de baja presión. El aire que pasa de la turbina de alta a la de baja se calienta, quemando un combustible. El calor residual del aire que sale de la turbina de baja se utiliza en un recuperador para calentar el aire que entra a la turbina de alta. Al calentar el aire se genera mayor potencia.

Las baterías son el dispositivo más antiguo para almacenar energía eléctrica en pequeña cantidad. En la última década se ha producido un notable desarrollo de baterías avanzadas, como las de plomo-ácido que se usan en los automóviles.

Otra forma de almacenar energía eléctrica es por medio de la producción de hidrógeno, mediante el proceso de electrólisis, que consiste en almacenarlo con el fin de generar electricidad mediante celdas de combustible. Este sistema puede ser de gran importancia en el futuro, pues permitirá almacenar energía para inyectarla directamente a la red y usar el hidrógeno para el transporte de todo tipo de vehículos.